By Marcela Corbo, Directora de K2BHealth

El pasado mes de marzo tuve el honor de presentar en HIMSS 2026 el caso de la Historia Clínica Electrónica Nacional de Uruguay: un proyecto que lleva más de una década transformando la manera en que los uruguayos acceden, gestionan y comparten su información de salud.
Fue una oportunidad para reflexionar sobre un camino que no siempre fue sencillo, pero que dejó aprendizajes invaluables para cualquier país o sistema de salud que aspire a construir una plataforma de interoperabilidad a escala nacional.
El punto de partida: un país pequeño con grandes ambiciones digitales
Uruguay tiene poco más de 3,5 millones de habitantes y una infraestructura digital que podría sorprender a más de uno. El 90% de la población cuenta con acceso a internet desde su hogar o teléfono móvil, y desde 2007 el Plan Ceibal garantizó que cada niño en escuela pública tuviera su propia computadora. No es un dato menor: la cultura digital estaba instalada en la sociedad antes de que el sistema de salud comenzara su transformación.
Ese mismo año, 2007, nació el National Integrated Healthcare System (SNIS for its acronym in Spanish), con el objetivo de fortalecer la atención primaria, garantizar el acceso universal a los servicios de salud y articular las redes pública y privada en todo el territorio nacional.
El origen del proyecto: liderazgo político y visión estratégica
En 2012, desde AGESIC —la agencia de gobierno electrónico de Uruguay— se creó Salud.Uy, con el foco puesto en mejorar el acceso a la información clínica y promover la interoperabilidad entre prestadores.
Un factor que no puede soslayarse: el presidente de Uruguay en aquel entonces era oncólogo de formación. Esa mirada clínica desde la conducción política fue determinante. En 2013 nació la historia clínica oncológica nacional, como piloto de lo que podría ser un registro nacional. Ese primer paso permitió aprender sobre estándares de interoperabilidad, detectar las brechas tecnológicas entre prestadores y diseñar un plan de adopción basado en la realidad del sistema, no en un escenario ideal.
Un plan por etapas: la clave del éxito sostenido
Uno de los aprendizajes más importantes del proyecto fue justamente este: no intentar hacer todo al mismo tiempo.
El plan de adopción se estructuró en cinco grandes etapas:
- Registro Nacional de Personas – La base de todo: identificar correctamente a cada individuo.
- CDAs de Nivel 1 – Comenzar a generar documentos clínicos estandarizados, acompañando a los prestadores en su implementación.
- Registro de eventos clínicos – Captura progresiva de información en la plataforma.
- Obtención de información – La plataforma empieza a devolver valor: consulta y acceso a datos clínicos.
- Conjuntos mínimos de datos – Información estructurada por nivel de atención y especialidad.
A lo largo de todo el proceso, equipos especializados en ciberseguridad y gestión del cambio trabajaron de manera transversal para asegurar la adopción real de la solución.
El paciente como protagonista: el nacimiento de Mi HCE
En 2019, con la plataforma en funcionamiento y los prestadores integrados, Uruguay dio un paso que define el verdadero norte del proyecto: el lanzamiento de Mi HCE, un portal que permite a los pacientes acceder a toda su información clínica.
Esta decisión no fue accesoria. Fue una declaración de principios: el paciente es el dueño de su información de salud. La accesibilidad y la transparencia no son un agregado del sistema; son su razón de ser.
La prueba definitiva: la pandemia de COVID-19
Pocas semanas después del lanzamiento de Mi HCE, el mundo cambió. La pandemia de COVID-19 llegó como una prueba de estrés para todos los sistemas de salud del mundo, y Uruguay no fue la excepción.
Pero la plataforma estaba lista.
Con los prestadores integrados y los pacientes con acceso a su información, Uruguay pudo desplegar rápidamente una aplicación para el seguimiento de casos, teleconsultas, acceso a resultados de PCR y trazabilidad de contactos por proximidad. La respuesta fue ágil, coordinada y basada en datos.
La pandemia dejó en claro algo que ya sabíamos, pero que quedó demostrado de manera contundente: una plataforma de interoperabilidad nacional no es sólo un canal de comunicación entre prestadores. Es un repositorio centralizado de datos que habilita el monitoreo poblacional y la toma de decisiones en tiempo real.
Lecciones aprendidas: lo que nos llevamos después de una década
Después de más de diez años en este proyecto, los aprendizajes que más resuenan son:
- La comunicación constante y participativa con los prestadores fue esencial. No alcanza con implementar tecnología; hay que sostener el vínculo, escuchar las dudas y acompañar los desafíos.
- Los objetivos de corto plazo evitan la desmotivación. Un plan claro, con hitos alcanzables, mantiene a todos los actores comprometidos y permite mostrar resultados concretos.
- La gestión del cambio no es un complemento; es parte del núcleo del proyecto. Un equipo especializado dedicado a la comunicación y el acompañamiento marcó la diferencia.
- El paciente empoderado es el mejor indicador de éxito. Cuando una persona puede acceder a su propia historia clínica, el sistema cumple su promesa más profunda.

Una reflexión final
Presentar este caso en HIMSS 2026 fue un recordatorio de que los proyectos de transformación digital en salud no se construyen de un día para el otro. Se construyen con visión estratégica, con paciencia para respetar los tiempos de cada actor, con humildad para aprender sobre la marcha y con la convicción de que la información clínica, bien gestionada, salva vidas.
Desde K2BHealth, continuamos acompañando este camino, poniendo nuestra experiencia de más de 25 años en el sector salud al servicio de sistemas que buscan el mismo horizonte: una atención más conectada, más equitativa y más centrada en las personas.
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